FENOMENOLOGÍA DE LA SANGRE DE SAN JENARO ENTRE HISTORIA, CIENCIA Y RELIGIOSIDAD POPULAR


PROF. DR. GIUSEPPE M. PALMIERI
Arqueólogo. Investigador del Grupo HUM 128 de la Universidad de Córdoba
Miembro permanente del Comité Nacional ICOMOS España
Prof. de Ciencias Sociales en las Reales Escuelas La Inmaculada de Córdoba

 

¿Puede la ciencia explicar el fenómeno de la licuefacción de la sangre de San Jenaro? Puede que sí, pero hasta ahora no ha sido posible analizar el contenido de las ampollas custodiadas en el relicario.

Durante más de seis siglos, tres veces al año –pandemias permitiendo-, en el marco incomparable de la Catedral de Santa Maria Assunta en Nápoles, abarrotada de gente, se repite un rito. Cuando el obispo anuncia que el milagro ha vuelto a ocurrir, entre los fieles estalla la alegría, ya que, según la tradición, la buena fortuna de la ciudad en los meses siguientes está ligada a su desenlace. Estamos hablando, por supuesto, del llamado milagro de la licuefacción de la sangre de San Jenaro -San Gennaro para los napolitanos-, el santo patrón de la ciudad. Durante el rito, el arzobispo de la diócesis coge dos ampollas, guardadas en un relicario detrás del altar de la capilla del tesoro del Santo, y las exhibe moviéndolas suavemente, a la espera de que el fluido que contienen, normalmente sólido, se vuelva completamente líquido.

La sangre del Santo aparece coagulada, pero, en ciertas ocasiones, tiende a licuarse.

El rito se celebra el sábado anterior al primer domingo de mayo, fecha del traslado del cuerpo del santo, el 19 de septiembre, día de su martirio, y el 16 de diciembre, aniversario de la erupción del Vesubio en 1631 cuando, según el relato histórico, San Jenaro detuvo la llegada de la lava a las puertas de la ciudad. En algunas de estas recurrencias no se renovó el milagro y la sangre quedó espesa. Ha ocurrido ya varias veces en pasado: en septiembre de 1939, en 1940 y 1943, por ejemplo, y posteriormente en los meses de septiembre de 1973 y 1980.

En tiempos más recientes, la sangre de San Jenaro no se licuó, a pesar de las oraciones y largas esperas, durante las visitas de Juan Pablo II en 1990 (9-13 de noviembre) y de Benedicto XVI, el 21 de octubre de 2007.

Puesto que no pretendo, bajo ningún concepto, faltar al respeto a los ciudadanos de Nápoles, a su fe en el Santo Patrono ni a las tradiciones ancestrales de la capital de Campania, con este artículo he intentado resumir alguna de las principales hipótesis entre las muchas que hay detrás del fenómeno de la licuefacción de la sangre de San Jenaro.

Lo que aquí se expone son los intentos de la ciencia por explicar el prodigioso fenómeno de la reliquia. A día de hoy el prodigio no se considera milagro, la Iglesia no lo llama así, pero tampoco lo define como algo totalmente falso. ¿A qué se debe esta “incertidumbre”? Lo que es cierto es que hasta que los investigadores no tengan la oportunidad de analizar el contenido de las ampollas, no será posible comprobar de que se trata de un milagro o de una “mentira de fe”.

SAN GENNARO: ¿MITO O REALIDAD?

San Jenaro en el anfiteatro de Pozzuoli - Wikipedia, la enciclopedia libre
Fig. 1 San Jenaro en el anfiteatro de Pozzuoli es un óleo sobre lienzo realizado en 1636-37 por Artemisia Gentileschi y conservado en el Museo de Capodimonte de Nápoles.

¿Por qué es importante tratar de entender la diferencia entre el mito y la realidad para explicar el fenómeno? Algunos incluso cuestionan la veracidad de la figura histórica de San Jenaro y por tanto la ampolla contendría, si de sangre se tratara, la sangre de otra persona.

Pero ¿de quién?

Según la tradición popular, San Jenaro habría vivido entre los siglos III y IV después de Cristo. Convencionalmente, se cree que San Jenaro nació hacia el año 272. Su papel habría sido el de obispo de Benevento en un período en el que la persecución de los cristianos era muy feroz.

De hecho, nos referimos a la «gran persecución» de Diocleciano.

En una breve nota hagiográfica de la Liturgia de las Horas se lee, efectivamente, que Jenaro «fue obispo de Benevento; durante la persecución de Diocleciano sufrió el martirio, juntamente con otros cristianos, en la ciudad de Nápoles, en donde se le tiene una especial veneración».

Los obispos de Benevento con este nombre son por lo menos dos: San Jenaro, mártir en el 305, y Jenaro II, que en el 342 participó en el concilio de Sardes. Este último, perseguido, por los arrianos por su adhesión a la fe de Nicea, también se veneraría como mártir. No obstante, la mayoría de los historiadores se inclinan a identificar al patrono de Nápoles con el primero, o mejor con el mártir napolitano de Puteoli, en la actualidad, Pozzuoli.

Condenado «ad bestias» en el anfiteatro de Puteoli, junto con los compañeros de fe, fue decapitado puesto que las fieras, en lugar de devorarlo se amansaban a sus pies. Más de un siglo después, en el 432, con ocasión del traslado de las reliquias de Pozzuoli a Nápoles, una mujer le habría entregado al obispo Juan dos ampollas con la sangre coagulada de San Jenaro. Casi como garantía de la afirmación de la mujer, la sangre se volvió líquida ante los ojos del obispo y de una gran muchedumbre de fieles[1].

Su cuerpo fue llevado primero a las catacumbas de Nápoles, luego a Benevento, luego a Montevergine y finalmente de regreso a Nápoles en 1497.

LA PRIMERA LICUEFACCIÓN DE LA SANGRE DE SAN GENNARO

La reliquia en sí nunca se mencionó hasta 1389 aunque, justo el año anterior se publicó un martirologio sobre San Jenaro en el que nunca se mencionan las ampollas.

La primera noticia documentada de la ampolla que contenía la supuesta reliquia de la sangre de San Jenaro se remonta al 17 de agosto de 1389 -unos 1.000 años después del supuesto nacimiento del santo-, según recoge el Chronicon Siculum[2], donde se cuenta de una gran procesión para contrarrestar una larga y difícil hambruna. Según las crónicas de la época, el líquido almacenado en la ampolla volvió a su estado líquido “como si hubiera brotado ese mismo día del cuerpo del Santo”.

Un milagro puede definirse como un acontecimiento con características tales que las leyes naturales conocidas parecen anuladas o suspendidas, por lo que generalmente asume un valor hierofánico[3] y se atribuye a la intervención del poder divino. La Iglesia católica nunca reconoció oficialmente el fenómeno de la licuefacción como un «milagro», sin embargo, ante la fuerte resistencia de la comunidad napolitana a abandonar el culto al Santo y a sus reliquias, se decidió mantener la tradición.

Los milagros generalmente se caracterizan por ser únicos o impredecibles, por lo que es difícil verificar qué sucedió realmente, especialmente si datan de hace siglos. El milagro de la licuefacción de la sangre de San Jenaro, por lo contrario, sigue ocurriendo en la actualidad y con cierta regularidad, por lo que vale la pena intentar examinar el fenómeno para comprender si realmente podemos excluir alguna explicación natural.

EL TRÁFICO DE RELIQUIAS Y CREENCIAS POPULARES

Uno de los elementos característicos del cristianismo, desde sus orígenes, ha sido el culto a las reliquias: huesos, cabellos, tejidos y objetos orgánicos, asociados a santos y mártires y a sus sacrificios. Se guardaban en recipientes especiales, los llamados «relicarios», guardados en las iglesias para que los fieles pudieran venerarlos en el día dedicado al santo.

El culto de las reliquias se hizo especialmente popular en la Edad Media, tanto que, en el siglo IX, el diácono Deusdona[4] creó una “cofradía de mercaderes de reliquias” –más bien una banda- dedicada a su venta y comenzó a comercializarlas fuera de Italia. El inevitable crecimiento del mercado empezó a ralentizarse cuando la materia prima empezó a escasear: por eso, si en un principio el interés se centró únicamente en los objetos vinculados a Cristo, los apóstoles y los mártires, pronto se extendió a los restos de otros santos, obispos, abades y hasta reyes o aristócratas dignos de veneración por haber llevado una existencia piadosa.

Fue así que el mercado de las reliquias se volvió cada vez más complejo, considerando que también existía una real jerarquización de su valor: las más valiosas, por supuesto, eran las relacionadas con la vida de Cristo, con los apóstoles y con los santos más venerados. Además, los cuerpos enteros, cabezas, brazos, espinillas y órganos vitales, eran de mayor importancia que otro tipo de restos, y su valor aumentaba con la antigüedad del santo.

Los sacerdotes adquirían reliquias para consagrar altares o para llenar relicarios hechos a medida. Sin embargo, también se interesaron los laicos, que las compraban para tenerlas en casa, llevarlas en el bolso o colgadas del cuello: se pensaba que las reliquias tenían el poder de poner en contacto con la divinidad y, a muchas de ellas, incluso se le atribuían poderes milagrosos.

El crecimiento de la demanda estimuló el comercio y, en consecuencia, las estafas. Para evitar esto, las reliquias se ponían a prueba: si no obraban un milagro, debían ser consideradas falsas. Además, tenían que ser aceptadas por la iglesia: de lo contrario, su veneración habría implicado el Purgatorio como castigo. Evidentemente esto no impidió la proliferación de reliquias inverosímiles, como el famoso sanctum praeputium[5] –literalmente “prepucio de Cristo”-, el cordón umbilical de la Virgen y una pluma del Espíritu Santo (guardadas en Oviedo), las monedas por las que Judas vendió a su Maestro y hasta un “suspiro” de San José.

Estos objetos sólo podían ser fuentes de controversia: Guiberdo di Nogent, un monje benedictino escéptico, que vivió entre los siglos XII y XIII, afirmó la imposibilidad de la existencia de un diente de Cristo conservado en Saint-Medard, porque la resurrección de su cuerpo era un dogma de fe; además, el mismo monje informó de la existencia de dos cabezas de Juan Bautista, una en Saint-Jean-d’Angély y la otra en Constantinopla. En realidad había aún más. Así como muchas otras reliquias duplicadas o falsificadas.

La tixotropía y el milagro de la «licuefacción» de la sangre de San Jenaro en Nápoles - La Ciencia de la Mula Francis
Fig. 2 Relicario de San Jenaro. En la foto se aprecian las dos ampollas que conservan la “sangre del Santo patrono de Nápoles.

En resumen, el mercado de falsificaciones, al igual que en la actualidad, estaba floreciendo ya en la Edad Media. No hay que olvidar que los peregrinos se dirigían y realizaban importantes donaciones a las iglesias y conventos que custodiaban las reliquias más importantes de la fe cristiana, como trozos de la cruz de Jesús, huesos de santos o ampollas con contenidos diversos y no siempre verosímiles. Solo en Nápoles, para poner un ejemplo, en la actualidad sigue habiendo unas 200 ampollas con líquidos y humores de santos.

En el caso específico de las ampollas de sangre de santos o mártires venerados por la Iglesia Católica, hay numerosos casos, pero sólo en un pequeño número de estos la sangre pasa del estado coagulado al líquido. Precisamente en estos casos deberíamos hablar de fluidización ya que la sangre pasa de un estado de consistencia gelatinosa a un estado fluido, que se pone de manifiesto al dar la vuelta a las ampollas.

La reliquia de la sangre de San Jenaro consta de dos botellas o ampollas colocadas en un relicario redondo con un asa larga que es manipulada por el oficiante durante las ceremonias. La parte central redonda tiene un diámetro de unos 12 centímetros. La ampolla más pequeña es cilíndrica y parece tener solo manchas en las paredes interiores. La más grande es redondeada, aplanada, con un volumen estimado de 60 mililitros y parcialmente llena de la sustancia “desconocida”.

¿CÓMO EXPLICA LA CIENCIA EL FENÓMENO DE LA LICUEFACCIÓN DE LA SANGRE?

Son varias las hipótesis que la ciencia, a lo largo del tiempo, ha propuesto como posibles soluciones. Entre todos, uno parece ser el más concluyente, pero no hay ningún análisis de la sustancia dentro de la ampolla que lo confirme, análisis a la cual, lamentablemente, se opone firmemente la Iglesia.

Veamos las hipótesis más probables:

  • La sustancia es realmente sangre. En este caso, sin embargo, habría que explicar cómo es posible que las proteínas que normalmente se presentan en un estado espeso o grumoso, puedan licuarse para volver a solidificarse después del “milagro”.
  • Se trataría de una sustancia fotosensible. Se habla de un cambio de estado si la sustancia se expone a la luz, pero no se conocen en naturaleza materiales similares.
  • Crecimiento periódico de microorganismos. Pero, ¿cuáles serían? Y sobre todo, ¿la periodicidad estaría dada por alguna condición de alteración? Sin embargo, la ampolla nunca se abre.
  • Sustancia higroscópica. Es decir, lo que ocurre cuando un líquido absorbe humedad del aire y cambia de estado, pero el problema sigue siendo el mismo: la ampolla nunca se abre.
  • La hipótesis del “corcho”. Hay sustancias, como el chocolate, que una vez derretidas forman una costra en la superficie impidiendo que el resto de la sustancia, aún al estado líquido, fluya en el recipiente haciendo que el contenido de dicho recipiente parezca sólido. Problema de esta hipótesis: el chocolate aún no había llegado a Europa en la época en la que tuvo lugar el “milagro” por primera vez.
  • Podría tratarse de una sustancia que se funde a temperatura ambiente, hipótesis térmica que ha sido repetidamente tenida en cuenta. Siguiendo esta esta pista se descubrió un falso milagro, el de la sangre de San Lorenzo que se celebra el 10 de agosto. En ese caso la sustancia era grasa animal, pero también hay ceras o jaleas que tienen la misma capacidad de cambiar de estado en presencia de calor.

¿QUÉ HAY EN LAS AMPOLLAS? ESTUDIO FÍSICO QUÍMICO

Como adelantamos, la Iglesia Católica ha negado en repetidas ocasiones a los investigadores la posibilidad de abrir las botellas para no estropear la reliquia.

El primer análisis de contenido se realizó en 1902. Se utilizó un espectroscopio de prisma y se reportó la observación de las bandas de absorción típicas de la hemoglobina. En 1989 se repitió el mismo análisis utilizando el mismo tipo de espectroscopio y se confirmó el resultado. Estos análisis se utilizan como prueba científica de la presencia de sangre en la ampolla. Sin embargo, estos resultados nunca han sido enviados a una revista científica y por tanto no han sido sometidos al examen de una comisión de expertos; se encuentran sólo en un folleto impreso por la Curia. Además, parece algo extraño que en la segunda medición también se haya vuelto a utilizar un espectroscopio de prisma, anticuado en la actualidad, en lugar de un espectroscopio electrónico de última generación, indudablemente más preciso. Aun queriendo dar por fiables los resultados, los mismos autores del estudio admiten que otros pigmentos rojos podrían confundirse con la hemoglobina. Además, los espectros no muestran ninguna calibración de longitud de onda, son de mala calidad, con contrastes de color anómalos y una distribución espectral distorsionada.

Otro de los fenómenos inexplicables ligados a la sangre de San Jenaro consiste en la variación de volumen y color del contenido de las botellas. Nunca ha habido una medición espectroscópica de la variación de color, ni un registro de la supuesta variación en base a una escala graduada, por lo que la misma sigue siendo una afirmación anecdótica. En cambio, en 1900 y 1904 se registraron unas variaciones de peso, con un aumento de peso de hasta 28 gramos, no despreciable en un supuesto contenido de «sangre» de unos 30 mililitros. Sin embargo, la reliquia siempre ha sido pesada en su relicario, que pesa alrededor de un kilogramo, por lo que la variación de peso en realidad no es muy significativa, correspondiendo al 3% del peso medido, y es compatible con un error instrumental, considerando el tipo de balanza probablemente usada en ese momento. Una vez más, los datos se publicaron solo en una revista religiosa, con pocos detalles sobre las condiciones experimentales. A partir de 2010, el biólogo Giuseppe Geraci repitió la medición del peso de la reliquia durante 5 años, con el fin de controlar cualquier variación. Los resultados, reportados en el Informe de la Academia de Ciencias Físicas y Matemáticas, no muestran variaciones significativas: las fluctuaciones caen dentro de las condiciones de medición no óptimas.

Las demás investigaciones científicas del fenómeno se han centrado en dos aspectos: el análisis de la sustancia contenida en las ampollas y el estudio y reproducción de los procedimientos con los que estas son manipuladas durante la ceremonia. Una de las primeras evidencias está relacionada con la hipótesis formulada a finales del siglo XIX por el teólogo Pierre de Moulin, según la cual el milagro era atribuible a la disolución de cal en la ampolla, cuyo efecto, sin embargo, no está del todo claro y que conllevaría además la mala fe por parte de quienes manipulan la reliquia en el momento en el que acontece el prodigio de la licuefacción.

Otra idea, más o menos contemporánea, la describen Franco Ramaccini, Sergio Della Sala y Luigi Garlaschelli, químicos que se han ocupado ampliamente del fenómeno en las páginas de la revista Chemistry in Britain: parece que en 1890 Albini, un científico napolitano, intentó reproducir el fluido contenido en la ampolla con dos mezclas diferentes, una de cacao en polvo y azúcar y otra de caseína y sal en suero. Estas son, efectivamente, «suspensiones densas de sólidos en líquidos más pesados, diseñadas para separarse, formando una costra superficial», que «pueden ser lo suficientemente sólidas para funcionar como una especie de tapón para la parte líquida de abajo, impidiendo que fluya libremente en el contenedor y haciendo que parezca sólido. Al agitar el compuesto, los dos componentes se mezclan, simulando el cambio de estado. Ambas sustancias, sin embargo, no se parecen en nada al líquido contenido en la ampolla, por lo que se debe descartar esta hipótesis. Además, en 1389, año en el que por primera vez se tiene noticia de la reliquia y del prodigio, en Nápoles no se conocía el cacao en polvo.

LA TEORÍA MÁS ACREDITADA, AÚN SIN COMPROBAR: UNA SUSTANCIA TIXOTRÓPICA

Llegamos finalmente a la parte “más jugosa” -nunca mejor dicho- del asunto. Es decir, el estudio científico publicado en Nature[6] por los citados Ramaccini, Della Sala y Garlaschelli en 1990, en el que se formula la hipótesis que actualmente se considera como la más sólida sobre el fenómeno. A principios de los noventa del siglo pasado, los químicos empezaron a interesarse por la cuestión y plantearon por primera vez que la explicación podría tener que ver con las llamadas sustancias tixotrópicas.

Las sustancias tixotrópicas son gelatinas capaces de volverse más fluidas, pasando incluso de un estado sólido a un estado líquido, cuando se someten a esfuerzos mecánicos como vibraciones o micro choques, para volver a solidificarse cuando vuelven al estado de reposo.

Es exactamente lo que parece ocurrir con la reliquia, que pasa al estado líquido cuando se manipula la ampolla que la contiene. En palabras de Garlaschelli “si la sustancia de la reliquia es tixotrópica, el acto mismo de manipular el relicario, volcándolo repetidamente para comprobar su estado, puede proporcionar el esfuerzo mecánico necesario para inducir la licuefacción”.

Según esta hipótesis, no existe necesariamente un “fraude” consciente por parte de quienes realizan el rito. El hecho de que en ocasiones no se haya producido la licuefacción puede depender de que, en aquellas ocasiones, la reliquia se manipulara con delicadeza y no estuviera sometida a maniobras mecánicas lo suficientemente enérgicas.

Además, se puede demostrar que este gel tiene un espectro similar al de la sangre “vieja”.

Il sangue di San Gennaro: cosa dice la scienza (e come è nato il «prodigio»)- Corriere.it
Fig. 3 El arzobispo de Nápoles manipula el relicario de S. Jenaro durante horas, hasta que el milagro vuelva a ocurrir.

Los autores del trabajo dieron incluso un paso más, preparando muestras de sustancias tixotrópicas con el mismo aspecto que la (presunta) sangre de San Jenaro. En particular, prepararon una solución coloidal a base de hidróxido de hierro, un gel de color marrón oscuro, demostrando que efectivamente se vuelve perfectamente líquido si se agita y, al igual que la reliquia, produce el llamado globo (un residuo semisólido que no se disuelve) y burbujas en la superficie superior. Todos los ingredientes utilizados para producir el compuesto estuvieron al alcance de un artista o alquimista napolitano de la época: el carbonato de calcio CaCO3 se puede obtener de calizas como el mármol, cáscaras de huevo y conchas; el carbonato de potasio K2CO3 se puede obtener de la ceniza de madera; además, lo que es más interesante y significativo, la única fuente de cloruro férrico FeCl3, en el momento en que se data la reliquia, era un mineral llamado molysita, que se encuentra en la naturaleza en volcanes activos. Y Nápoles, casualmente, está muy cerca del Vesubio. El resultado obtenido demuestra que es posible reproducir el comportamiento de la «sangre de San Gennaro» y que se podría crear una sustancia con tal comportamiento incluso en la Edad Media.

Una posibilidad alternativa es que se trate de una sustancia de bajo punto de fusión, sólida cuando se guarda en un lugar fresco (en el nicho detrás del altar donde suele encontrarse) y líquida cuando se acerca al altar, en medio de la multitud de fieles y cerca de velas encendidas. O nuevamente, en una especie de hipótesis “mixta”, podría ser un compuesto de bajo punto de fusión con propiedades tixotrópicas. A menos que, en realidad, se trate realmente del milagro de San Gennaro, algo bastante difícil de demostrar.

Miracolo di San Gennaro, il tanto atteso evento dei fedeli

Fig. 4 El mayordomo de S. Gennaro zarandea un pañuelo blanco. El milagro se ha vuelto a repetir.Cabe destacar que la Iglesia Católica nunca ha reconocido oficialmente el fenómeno como milagroso, a pesar de haber aprobado (y de alguna manera fomentado, dada la importancia de las celebraciones) su veneración popular. La historia del presunto milagro es la historia de la ciudad y de los napolitanos y por eso el fenómeno debe de entenderse en clave antropológica como si se tratara de un punto de observación privilegiado desde el cual recorrer, no sólo la historia de Nápoles, sino también y sobre todo, toda la evolución de la mentalidad de quienes, empujados por la fe, siguen esperando esa cita periódica desde hace siglos.

BIBLIOGRAFÍA

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  1. http://es.catholic.net/op/articulos/31948/jenaro-de-benevento-santo.html#modal
  2. El Chronicon Siculum o Chronicon Siciliae , también conocido con el título de Anónimo Palermitano , constituye, junto con las crónicas de Bartolomeo de Neocastro, Nicolò Speciale y Michele da Piazza, una de las piezas clave de la historiografía siciliana medieval.
  3. Del griego ἱερός (hierós) ‘de origen divino, sagrado’ y -φάνεια- (pháneia) ‘manifestación’; Manifestación de lo sagrado en una realidad profana.
  4. Deusdona era diácono de la iglesia de Roma y se aprovechaba de este rango para moverse libremente en las catacumbas de la Urbe. Se hizo muy famoso porque consiguió los cuerpos de los mártires Marcelino y Pedro para Eginardo, biógrafo de Carlomagno.
  5. Il prepuzio di Cristo. Storie di reliquie nell’Europa Cristianadi Tonino Ceravolo, Rubbettino, 2015.
  6. Garlaschelli L., Ramaccini F. and S. Della Sala, Nature, 1991, 353, 507.

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